La construcción de la Comunidad Europea constituye uno de los procesos políticos, económicos y sociales más relevantes de la historia contemporánea europea. Lejos de ser un fenómeno improvisado, responde a una larga evolución marcada por la búsqueda de la paz, la estabilidad y la cooperación entre Estados tras los devastadores conflictos del siglo XX. Su análisis resulta imprescindible tanto desde una perspectiva historiográfica como para la preparación rigurosa de las oposiciones de Secundaria de Geografía e Historia, donde este tema exige un dominio preciso de conceptos, cronología y contexto internacional.
Desde el punto de vista del temario oficial, la Comunidad Europea debe entenderse como el resultado de una construcción progresiva, basada en la cesión de soberanía, la integración económica y la consolidación de instituciones supranacionales. Para cualquier opositor que aspire a una nota alta, no basta con enumerar tratados: es necesario explicar el sentido histórico del proceso, sus fases, sus límites y su trascendencia.
1. Antecedentes históricos de la integración europea
La idea de una Europa unida no surge tras la Segunda Guerra Mundial, aunque es en este momento cuando adquiere una dimensión política real. Durante el período de entreguerras ya existieron propuestas de cooperación europea, como el proyecto paneuropeo de Coudenhove-Kalergi o el discurso de Aristide Briand en la Sociedad de Naciones. Sin embargo, estas iniciativas fracasaron por la persistencia del nacionalismo, la crisis económica y el ascenso de los totalitarismos.
La Segunda Guerra Mundial supuso un punto de inflexión definitivo. Europa quedó devastada material y moralmente, con millones de víctimas, economías arruinadas y una profunda pérdida de hegemonía frente a Estados Unidos y la Unión Soviética. En este contexto, la integración europea se concibió como un instrumento para evitar nuevos conflictos, garantizar la reconstrucción económica y frenar la expansión del comunismo en Europa occidental.
El Plan Marshall, impulsado por Estados Unidos, favoreció la cooperación económica entre los países europeos y sentó las bases de una integración más profunda. A ello se sumó un clima intelectual y político favorable a la superación del Estado-nación tradicional, especialmente entre las élites políticas y económicas.
2. Los primeros pasos: de la CECA a los Tratados de Roma
El verdadero inicio de la Comunidad Europea se sitúa en 1951 con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo decidieron poner bajo una autoridad común dos sectores estratégicos para la guerra, lo que suponía un paso decisivo hacia la cooperación supranacional.
El éxito de la CECA impulsó un proyecto más ambicioso. En 1957, los mismos seis Estados firmaron los Tratados de Roma, que dieron lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). La CEE tenía como objetivo central la creación de un mercado común basado en la libre circulación de mercancías, personas, capitales y servicios, así como el establecimiento de políticas comunes, especialmente en el ámbito agrario y comercial.
Este momento es clave en cualquier preparación de oposiciones de Geografía e Historia, ya que marca el paso de una cooperación sectorial a un proyecto de integración económica estructurado y con vocación de permanencia.
3. Profundización y ampliación de la Comunidad Europea
Durante las décadas de 1960 y 1970, la Comunidad Europea experimentó un doble proceso: profundización institucional y ampliación geográfica. En el plano institucional, se avanzó en la creación de políticas comunes y en el fortalecimiento de las instituciones comunitarias, aunque no sin tensiones, como demostró la crisis de la “silla vacía” protagonizada por Francia en tiempos de De Gaulle.
En cuanto a las ampliaciones, la Comunidad dejó de ser un club exclusivo de seis países para incorporar progresivamente a nuevos Estados. En 1973 ingresaron Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, lo que supuso un cambio cualitativo en el equilibrio interno de la organización. Posteriormente se sumarían Grecia, España y Portugal, integrando a países del sur de Europa que habían superado recientemente regímenes autoritarios.
La adhesión española en 1986 tiene un valor histórico y simbólico fundamental, pues consolidó la democracia y favoreció una profunda transformación económica y social del país. Este aspecto resulta especialmente relevante en el temario de oposiciones secundaria Geografía e Historia, al conectar la construcción europea con la historia reciente de España.
4. El Acta Única Europea y el impulso al mercado interior
El estancamiento económico de los años setenta y las dificultades para completar el mercado común llevaron a un relanzamiento del proyecto europeo en los años ochenta. El Acta Única Europea, firmada en 1986, supuso la primera gran reforma de los tratados fundacionales y fijó como objetivo la creación de un mercado interior plenamente integrado.
Este acuerdo amplió las competencias comunitarias, reforzó el papel del Parlamento Europeo y estableció nuevas áreas de cooperación, como la política social y la cohesión económica y territorial. Desde una perspectiva historiográfica, el Acta Única marca el tránsito hacia una integración más profunda, superando el mero enfoque económico inicial.
Para quienes se están preparando las oposiciones, este momento es clave porque permite explicar la evolución de la Comunidad Europea como un proceso dinámico, adaptado a los cambios del contexto internacional.
5. De la Comunidad Europea a la Unión Europea
El final de la Guerra Fría y la reunificación alemana aceleraron la necesidad de redefinir el proyecto europeo. En 1992 se firmó el Tratado de Maastricht, que creó oficialmente la Unión Europea y estableció la unión económica y monetaria, la ciudadanía europea y una cooperación reforzada en política exterior y asuntos de justicia.
Aunque la Comunidad Europea continuó existiendo jurídicamente durante un tiempo, Maastricht supuso un salto cualitativo en la integración. A partir de este momento, el proyecto europeo dejó de centrarse exclusivamente en lo económico para adquirir una dimensión política más amplia.
Los tratados posteriores —Ámsterdam, Niza y Lisboa— profundizaron en esta línea, adaptando las instituciones a una Unión cada vez más amplia y compleja. No obstante, el proceso no ha estado exento de кризис: el rechazo ciudadano a algunos tratados, la crisis económica de 2008 o el Brexit han evidenciado las tensiones internas del proyecto europeo.
6. Significado histórico y balance crítico
La construcción de la Comunidad Europea representa uno de los experimentos de integración supranacional más ambiciosos de la historia. Ha garantizado décadas de paz entre antiguos enemigos, ha favorecido el desarrollo económico y ha consolidado sistemas democráticos en buena parte del continente.
Sin embargo, también plantea importantes desafíos: el déficit democrático, las desigualdades territoriales, el auge del euroescepticismo o la dificultad para articular una política exterior común. Desde un punto de vista académico, estos límites no invalidan el proyecto, sino que lo convierten en un proceso histórico abierto y en constante redefinición.
Para un preparador de oposiciones, este enfoque crítico es esencial, ya que demuestra madurez intelectual y capacidad de análisis, cualidades muy valoradas por los tribunales.
7. La Comunidad Europea en el estudio de las oposiciones de Secundaria
El Tema 54 no debe abordarse como una simple sucesión de fechas y tratados. Una preparación eficaz exige comprender la lógica interna del proceso, relacionarlo con la historia internacional y conectarlo con la realidad actual. Solo así es posible construir un discurso sólido, coherente y bien estructurado.
En este sentido, contar con un temario bien trabajado, clases estratégicas y una preparación orientada a entender, no a memorizar, marca la diferencia. El opositor que domina la construcción de la Comunidad Europea como proceso histórico demuestra un nivel propio de un futuro docente de Geografía e Historia.
Conclusión
La construcción de la Comunidad Europea es un eje fundamental para entender la Europa contemporánea. Su estudio permite analizar la superación del conflicto, la cooperación entre Estados y los retos de la integración en un mundo globalizado. Para quienes afrontan las oposiciones de Secundaria en Geografía e Historia, este tema ofrece una oportunidad excelente para mostrar profundidad conceptual, claridad expositiva y dominio del contexto histórico.
Una preparación seria, guiada por un preparador especializado, con un temario riguroso y una metodología exigente, es la base para convertir este tema en un punto fuerte dentro del examen. La Comunidad Europea no es solo contenido: es historia viva, y saber explicarla con precisión y sentido histórico es una de las claves del éxito en la oposición.