Dentro del proceso de descolonización asiática, el caso de la India ocupa un lugar central tanto por su dimensión territorial y demográfica como por la repercusión internacional de su independencia. Bajo dominio británico, la India fue considerada la “joya de la Corona”, expresión que refleja su valor estratégico, económico y político dentro del Imperio británico. Su posición en las rutas del océano Índico, su riqueza agrícola y comercial, y la amplitud de sus recursos humanos la convertían en una pieza esencial del sistema imperial. Sin embargo, lejos de constituir un espacio homogéneo, la India presentaba una enorme complejidad interna, marcada por la pluralidad étnica, lingüística, cultural y religiosa. Entre esas divisiones destacó especialmente la coexistencia entre una mayoría hindú y una importante minoría musulmana, elemento que resultaría decisivo en el desenlace del proceso independentista.
El nacionalismo indio fue articulándose progresivamente desde finales del siglo XIX. En 1885 se fundó el Congreso Nacional Indio, que en un primer momento expresó las aspiraciones de las élites indias formadas en el marco colonial británico, aunque con el tiempo acabaría convirtiéndose en el principal instrumento político del independentismo. Más adelante, en 1906, surgió la Liga Musulmana, creada para defender los intereses de la población musulmana y que terminaría desempeñando un papel fundamental en la demanda de un Estado propio. En la evolución del nacionalismo indio sobresalen dos figuras de enorme relevancia: Mahatma Gandhi, que convirtió la resistencia anticolonial en un movimiento de masas basado en la desobediencia civil y la no violencia, y Jawaharlal Nehru, que representó una línea nacionalista de perfil más institucional y modernizador. En el campo musulmán, el liderazgo de Muhammad Ali Jinnah fue decisivo para orientar la política de la Liga Musulmana hacia la exigencia de una partición territorial.
El camino hacia la independencia puede explicarse, de forma sintética, a través de varias etapas. Un primer momento clave fue la Ley de Gobierno de la India de 1935, aprobada por el Reino Unido con el propósito de reorganizar administrativamente el territorio colonial. Esta norma ampliaba la autonomía provincial y proyectaba una estructura federal, aunque sin reconocer una verdadera soberanía india. Se trató, por tanto, de una reforma importante, pero insuficiente para satisfacer las aspiraciones nacionalistas, que ya desbordaban claramente el marco colonial.
La Segunda Guerra Mundial constituyó una fase decisiva. La participación de la India en el conflicto fue decidida unilateralmente por las autoridades británicas, sin consultar a los dirigentes nacionales, lo que intensificó el malestar político. El Congreso exigió avances reales hacia la independencia y la formación de un gobierno indio responsable, pero Londres no aceptó estas condiciones. En ese contexto se produjo una nueva radicalización del movimiento nacionalista. Gandhi impulsó campañas de resistencia basadas en la no cooperación, la desobediencia civil y el boicot a los productos británicos, dentro de su conocida estrategia de oposición no violenta. Esta movilización alcanzó gran intensidad en 1942 con el movimiento Quit India, que expresó con claridad que la permanencia del dominio británico resultaba ya insostenible.
Finalizada la guerra, la debilidad económica y política de Gran Bretaña, unida a la presión creciente del nacionalismo indio y al agravamiento de las tensiones entre hindúes y musulmanes, aceleró el desenlace. El último virrey, Lord Mountbatten, promovió una solución basada en la partición del territorio según criterios religiosos. De este modo, el plan de 1947 dio lugar a la creación de dos Estados independientes: la Unión India, de mayoría hindú, y Pakistán, concebido como Estado para la población musulmana. Ambos nacieron en agosto de 1947 como dominios integrados inicialmente en la Commonwealth.
La independencia, sin embargo, estuvo lejos de desarrollarse de forma pacífica. La partición provocó una de las mayores migraciones forzadas de la historia contemporánea, con millones de personas desplazándose en uno y otro sentido para quedar encuadradas en el Estado correspondiente a su confesión religiosa. Este proceso desencadenó una oleada de violencias intercomunitarias, masacres y enfrentamientos entre hindúes, musulmanes y sijs. A esta tragedia se unió, en enero de 1948, el asesinato de Gandhi a manos de un extremista hindú, hecho que simbolizó dramáticamente la fractura interna del nuevo escenario político.
Además, el nuevo Estado de Pakistán nació dividido en dos sectores separados geográficamente: Pakistán Occidental y Pakistán Oriental. Las profundas diferencias políticas, económicas y culturales entre ambos desembocaron en una guerra en 1971, tras la cual el territorio oriental se independizó y pasó a constituir Bangladesh. Esta evolución confirmó que la partición de 1947 no había resuelto todos los problemas nacionales, territoriales y religiosos heredados del final del dominio colonial.
Entre las cuestiones más conflictivas destacó desde el principio el problema de Cachemira, región de mayoría musulmana pero integrada en la India tras la decisión de su príncipe. Este territorio se convirtió en el principal foco de enfrentamiento entre India y Pakistán y originó varias guerras y crisis fronterizas. Así, la descolonización del subcontinente indio no solo dio lugar al nacimiento de nuevos Estados, sino también a una conflictividad persistente que ha proyectado sus efectos hasta la actualidad.
En definitiva, la independencia de la India constituye un proceso fundamental para comprender la descolonización del siglo XX. En ella confluyen la crisis del imperialismo británico, el auge de los nacionalismos asiáticos, la movilización política de masas y la instrumentalización de las diferencias religiosas en la construcción de nuevos Estados. Por su trascendencia histórica y por las consecuencias derivadas de la partición, este episodio resulta imprescindible dentro del tema 52, La descolonización de Asia y África: los problemas del Tercer Mundo, en la preparación de oposiciones de Geografía e Historia.